Comunicado de la Asociación de Historiadores Libres por la Democracia en Venezuela (ADHILVENEZ)

La Asociación de Historiadores Libres por la Democracia en Venezuela (ADHILVENEZ), se dirige a los ciudadanos de los países libres y democráticos:

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Se ha puesto a circular un documento de la Asociación de Historiadores Latinoamericanos y del Caribe (ADHILAC) que pretende ser un “pronunciamiento” sobre la actual coyuntura, signada por el profundo resquebrajamiento que aflige a la sociedad venezolana contemporánea en todos sus planos. Como tal no merece mayores contestaciones pues el cuerpo de su texto más que por conceptos, está conformado por consignas ideológicas ya periclitadas, que no resisten el menor análisis y mucho menos el menor toque de realidad. El solo hecho de ser redactado en base a consignas apresuradas lo vuelve más bien una pared de pintas y grafitis, sin embargo, debemos contestar esa imagen distorsionada, construida desde la más momificada versión del entendimiento histórico. Comencemos citando, no sin una suerte de irritación, frente a las falsedades con las que están acostumbrados a adormecer los espíritus: “ADHILAC reconoce el esfuerzo de Venezuela para transformar estructuras injustas y dominaciones de sectores poderosos, que pretenden impedir cambios revolucionarios para una vida mejor”. La ignorancia y esa forma catequística de leer la realidad histórica engendra sus propias falsedades que acosan a cualquiera que asuma seriamente el oficio de historiar.  Los únicos sectores poderosos están en la moribunda presidencia venezolana de Nicolás Maduro y su banda en el poder, en el ejército brazo de acción y opresión de la oligarquía chavista, para impedir, precisamente, los cambios de una revolución democrática que hoy parece en ciernes a ver si tras veinte años, ya este país de Bolívar, haya pagado el pecado histórico de creer la falacia y la mentira de mesías vestidos de verde oliva, acompañados y asesorados por el verbo sicario de intelectuales como los que suscriben el pronunciamiento de ADHILAC.

A ese verbo nada puede comparársele en vacuidad. Esta cargado de meras ilustraciones de catálogo yuxtapuestas. Es esa costumbre de aderezar la escritura deslizando lugares comunes, tales como: estructuras injustas, dominación de los poderosos, felicidad del pueblo, lo cual no es sino una manera de practicar lo vacío y banal, burocratizar solapadamente la maldad criminal de esos poderosos que son precisamente quienes controlan las estructuras del poder, de convertir en ideología y sistema de gobierno, normas destinadas a conseguir la sumisión, las obediencias aprendidas a punta de mentiras, miedos y bajo estricto control estatal.

Al parecer los venezolanos son el único pueblo que debe dar explicaciones, datos, estadísticas y testimonios audiovisuales para explicar al mundo por qué se opone a una dictadura totalitaria y macabra. En otras latitudes basta comprender la calidad del discurso y la praxis de los detentores del poder para determinar su perfil totalitario; en Venezuela se deben construir centenares de análisis, reportajes y estudios para que el mundo democrático occidental se diera por entendido de la tragedia que viven sus ciudadanos; es que no es fácil la pelea contra los molinos de viento de la propaganda intelectual que dirige La Habana, como suerte de maligna melodía hipnótica: el liviano y complaciente discurso de Guerra Fría de “garras” imperiales, “los afanes de dominio imperialistas”, cuando La Habana ha sido la única capital que ha desplegado inteligencia y contrainteligencia política y cultural como un grandísimo garfio por los pasillos de todas las universidades latinoamericanas, por las sedes de todos los partidos políticos, de todos los movimientos sociales, dando lástima en nombre de la ideología y sembrando odios de laboratorio para defender y justificar su propia élite, clase superprivilegiada que desde el año 1 de su misma revolución construyeron la oligarquía más intocable de todo el continente: el castro-comunismo. Acosando a cualquiera que asuma un papel crítico.

Hoy la inteligencia y contrainteligencia de La Habana vuelve a arremeter sin la cordura y la elegancia de los espías; arremete ahora con el mal gusto, lo teatral, almidonada, cómplice, indolente y cínica acción escritural de los legionarios del pensamiento intelectual de la izquierda castrista: ADHILAC. El documento es un “pronunciamiento” contra las intenciones de la comunidad internacional de ayudar a Venezuela a salir de su más penumbrosa etapa histórica: precisamente vuelven a utilizar banalmente –como acostumbra desde siempre el pensamiento laxo– la figura de Bolívar. Buscando siempre transformar y manipular el pasado desde el presente.

Los que conocemos a Bolívar por este oficio de historiar y de ser historiadores profesionales sabemos, entendemos y probamos, que el caraqueño Bolívar hubiera sido el primero en fusilar a un cónsul como Maduro, cónsul de La Habana, de Moscú, de Ankara, de Teherán, de Beijing, de Damasco, por traidor a la patria, al proyecto republicano, a la independencia y a la libertad; diríamos que misma suerte, contra el paredón, le hubiera tocado a Hugo Chávez, pero al teniente coronel ya lo fusiló el destino. Simón Bolívar, El Libertador, a quien tanto se halagan en nombrar, fusiló en la misma ciudad que este mes celebra el bicentenario de su congreso más glorioso, a Manuel Piar, un héroe de verdad, un patriota probo, por mucho menos de lo cometido por la casta militar chavista. Bolívar fusiló en Angostura a Piar meramente por las intenciones de torcer la lucha de la independencia hacia la lucha del odio social: ¿Qué otro legado le corresponde al movimiento chavista que la siembra del odio social y la destrucción de Venezuela para mejor dominar sus ruinas?

El panfletario documento, repleto de mentiras y de torceduras de la Historia, también repliega en su velada retórica que en el glorioso congreso de Angostura se pactó que “esa unidad debía construirse sobre la base de la soberanía, la dignidad, la independencia y la felicidad de los pueblos” (citando el documento). Todo eso le ha sido robado al pueblo venezolano. ¿Quién lo duda? Soberanía. Venezuela hoy no es soberana, el chavismo comprometió por un siglo la riqueza petrolera, aurífera y del escaso y rarísimo mineral coltán a potencias lejanas, ajenas e imperiales como China y Rusia. Dignidad. Díganme, intelectuales de la izquierda divina, con todo y su síndrome del progresismo: ¿Dónde quedó la dignidad de un hombre comiendo de la basura junto a su mujer y a sus hijos? ¿Dónde quedó la dignidad de un veinteañero que el pasado 23 de enero, en jornada de protesta ciudadana y pacífica, fue capturado por los esbirros del régimen, formados y apoyados por La Habana, recibiendo tortura por su hendidura anal? ¿Escatológico, ¡verdad!, pero no menos cierto? Pues eso está video-documentado, grabado. Pero más escatológico es su “pronunciamiento” a favor de un depredador como Nicolás Maduro; con todo y el cinismo discursivo del caso (“Nuestra institución aboga por la paz, el diálogo y el respeto a la institucionalidad existente”).

¿Independencia? ¿Cuál independencia es posible en una nación donde su primer mandatario depende de las instrucciones de una oligarquía externa, allá en La Habana? ¿Cuál independencia es admisible si los últimos dos presidentes de Venezuela dependían del juicio político-estratégico de la oligarquía más antigua del continente? ¿Felicidad de los pueblos? ¿Cuál pueblo dichoso emigra, causando la mayor y más desestabilizadora diáspora continental? Éxodo, por cierto, negado cínicamente por los adláteres del gobierno, sin el cual la comunidad internacional no hubiera tenido en cuenta el sufrimiento del pueblo venezolano, pues su masiva estampida amenaza el orden regional.

Con el pretexto de un progresismo vacío –que es lo que se denomina “izquierda” hoy día– se proscribe todo método de investigación de la verdad histórica y política que no esté de acuerdo con la verdad catequística de un lenguaje anquilosado en las mentes más recalcitrantes y fanáticas. De palabras marchitas cuando no podridas está construido el “pronunciamiento” de ADHILAC. De seguro fue redactado desde la cómoda poltrona de un despacho académico en sus países respectivos –salvo Venezuela, por supuesto– donde sabemos que estos mercenarios de la pluma escriben sus retahílas cursis, panfletarias y repetitivas de consignas más que de ideas o conceptos, con la seguridad de un salario internacional y abundante, producto de sus democracias liberales y capitalistas, y no sobreviviendo con un cuarto de dólar al día a cambio solo de la satisfacción de impartir ideas, como aquí, en Venezuela, miles de historiadores-profesores hacemos; quienes por cierto, no firmaríamos por nada semejante adefesio intelectual, teledirigido desde La Habana con la indiferencia absoluta de lo que realmente ocurre en la patria de Simón Bolívar. Historiadores así son las tinieblas de los tiempos que transitamos.

Nuestra intervención en semejante asunto busca prevenir a los espíritus serios contra un pequeño número de individuos, los cuales sabemos por experiencia que son mistificadores e intrigantes –y, en cualquier forma, sujetos malintencionados desde un punto de vista revolucionario. Hay demasiados canallas interesados en el éxito de esta empresa de desvalijamiento material y espiritual de toda una sociedad, como para que no se disparen las alarmas éticas. En cuestión de rebeldía ningún espíritu libre y crítico debe tener necesidad de antepasados. Como sociedad es necesario desconfiar del culto a los hombres, por grandes que en apariencia sean. Esto es poco más o menos todo lo que podemos hacer por ese lado. Somos los primeros en sentir que sea tan poco. Hay, sin duda, demasiado norte en los venezolanos para que llegue a prolongarse esa adhesión incondicional. Luego de dos décadas de penurias ya no puede extenderse el mismo crédito a esa construcción abstracta, malévola y destructora, denominada castro-chavismo. La sociedad se ha lanzado a la lucha activa contra los males que la han mantenido sumida en la mentira y en la abyección, adueñados del poder y manejando a los hombres y a las conciencias. Por una Venezuela libre, consciente y soberana.

Caracas, 4 de febrero, 2019

Por la Junta Directiva: Alejandro Cardozo Uzcátegui y Luis Ricardo Dávila

Asociación de Historiadores Libres por la Democracia en Venezuela (ADHILVENEZ)